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Hagamos generaciones productivas y no de cristal… La importancia de manifestar el amor a los hijos

Dic 22, 2021

Testimonio cedido al consultorio Aleteia

—Me gustaba que a mi padre se le pasaran las copas, porque era cuando me abrazaba y me demostraba cariño, muchas veces delante de otras personas. Bastaba un poco de alcohol, para que brotara de su interior ese talante afectivo que se encontraba duramente reprimido.  

Era muy distante y autoritario, y mi madre muy sumisa y afectivamente empobrecida.

A ambos les ocultaba mis problemas, errores, preocupaciones, ni qué decir de mis ilusiones. Cuando murieron, no derramé una sola lágrima, descubriendo que como ellos, podía poner distancia entre la realidad y mis emociones.

Y al casarme repetí los mismos patrones.

Lo que formé fue un ambiente rígido, por el que mis hijos sufrían muchas desadaptaciones que manifestaban con críticas destructivas y dobles mensajes acerca de lo que consideraban mis defectos y actitudes. En cierto momento me mandaron llamar de la escuela, para informarme de su bajísimo rendimiento escolar y porque habían comentado sobre su mala relación conmigo.

Amándolos a mi manera, me frustraba profundamente.

No sabía qué hacer

Entonces acudí a ayuda especializada. Esperaba un curso sobre educación de los hijos, u otras ayudas. No sucedió así.

Para mi sorpresa, el especialista, después de hablar con cada uno de mis hijos, y tocando mi turno, me preguntó si los amaba. Mi enérgica respuesta fue: ¡por supuesto, si no fuera así no estaría aquí!

Me quedé de una pieza cuando le escuche decirme que, para empezar a corregir muchas cosas, antes que nada, yo debía aprender a manifestar mi afecto, y que en eso se enfocaría fundamentalmente su ayuda.

Consideraba a mi familia disfuncional y… ¡era yo el que necesitaba de terapia!

«Una terapia (…) me hizo reconocer poco a poco los mecanismos psicológicos profundos por los que, al igual que mis padres, frenaba mi afectividad.»

Con todo, después de vencer mi resistencia, comencé una terapia que me hizo reconocer poco a poco los mecanismos psicológicos profundos por los que, al igual que mis padres, frenaba mi afectividad.

Sin embargo, me daba temor cambiar, pues consideraba la necesidad de dar y necesitar afecto como una debilidad de carácter que, ante todo, exponía al dolor.

En realidad, vivía una pobre existencia, pues si bien quien ama se expone a experimentar dolor, también por ese sentimiento se vive el mayor gozo. Yo vivía despojado de un ingrediente por cuya virtud las personas vibran, se compadecen y participan de los sentimientos ajenos.

Sería un proceso en el que con humildad debía aprender, haciendo cambios desde mi interior.

Objetivo principal de la terapia

  • Comprender la sublime gratuidad del amor y lo esencialmente vital que es en las relaciones familiares.
  • Que los padres son para los hijos, y no los hijos para los padres.
  • Que no es lo mismo saberse querido que sentirse querido, pues el amor se debe palpar.
  • Que el ser hijo ancla en lo más profundo del ser y es fuente de sus manifestaciones personales. Por eso, el que es buen hijo termina siendo buen padre.
  • Que no es suficiente con amar sino que además es muy necesario comunicar ese amor, pues los hijos, al no experimentar el sentirse queridos, no se se sienten seguros ni aceptados tal cual son, por lo que crecen en conflicto personal, en una mala relación consigo mismos.
  • Que el amor, por ser un alimento espiritual, emocional y psicológico, es el principal referente de la identidad, y principio de un sentido de pertenencia a trasmitir a las siguientes generaciones.
FATHER AND CHILD
Los hijos necesitan no solo saberse amados sino sentirse amados también.

Primeros cambios

  • Aprender a escuchar no solo en las palabras sino por ademanes, emociones y a la persona entera.
  • Preguntar, interesarse por las cosas de mis hijos.
  • Evitar prejuicios, etiquetas.
  • No reaccionar emocionalmente ante sus errores.
  • Evitar culpar.
  • Ver a los ojos, sonreír, tocar, acariciar, expresar cariño con palabras.
  • Admitir los propios errores, pedir disculpas o perdón.
  • Ir por delante en las virtudes y predicar con el ejemplo.

Y más…

He ido recuperando a mis hijos

Poco a poco, he ido recuperando a mis hijos, el ambiente se va volviendo abierto y flexible. Falta mucho por recorrer, muchas heridas que sanar y curar, pero ahora sé que el camino es el correcto.

Si quieres ser amado, acoge el amor de quienes te lo manifiestan; y si quieres ser todavía más amado, expresa tu amor con manifestaciones de afecto.

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