Reunir a la familia, conseguir que todos se pongan de acuerdo, mantener a los más pequeños quietos durante unos minutos que se hacen eternos, lidiar con los suspiros de los adolescentes… ¿De verdad merece la pena el esfuerzo de hacer fotos de familia?
Qué rollo la foto de familia al final de una convivencia… No es tanto el número de personas lo que importa: reunir a diez personas o a 45 siempre requiere un auténtico trabajo de director de orquesta. Todas las parejas deben estar presentes, no hay que olvidarse del pequeño que está echando la siesta y, a ser posible, hay que aprovechar ese rayo de sol. En ese momento, hacerse la foto de familia no es el momento favorito del reencuentro.
El momento adecuado
«La hora del aperitivo es el momento ideal», comenta Marie, madre de cuatro hijos y abuela de doce nietos. «Antes de la cena, los pequeños aún llevan ropa limpia, y los adolescentes, ya aseados y peinados, están más presentables que cuando vuelven de un partido de tenis con sus primos. Después de la cena, algunos se van directamente a la cama. La hora del aperitivo es el momento más propicio, y mis hijos se esfuerzan por mí».
Sobre todo porque estas reuniones a veces solo tienen lugar una vez al año. Timothée y Agnès, hermano y hermana de 15 y 17 años que estudian en Alemania, se lo toman con humor: «¡La posteridad no recordará necesariamente las fotos más favorecedoras!», confiesa la joven. Su hermano añade: «Pero es divertido recordar, por ejemplo, el verano en que uno de nosotros llevaba el brazo enyesado».
Estas fotos, a veces olvidadas en lo más recóndito de la computadora o, para los más organizados, pronto pegadas en los álbumes familiares, resurgen en los momentos clave de la vida. Francisca, una joven abuela de cinco nietos y recién jubilada, confiesa con emoción: «Cuando el hermano de mi mejor amiga falleció repentinamente, me sumergí en nuestras fotos de la infancia. A menudo me acogían en su casa y aparecía en sus fotos familiares. La infancia es la base de nuestra historia, es el cimiento sobre el que nos construimos. Es realmente una etapa fundamental de la vida», explica.
Inmortalizar los momentos clave
Las fotos de familia se convierten así en pequeños destellos, instantes que cuentan una historia compartida. Quizás un toque de nostalgia; a veces, una punzada en el corazón cuando la ausencia de alguien en la foto nos recuerda una prueba difícil. Las fotos de familia son una ocasión para dar gracias por la familia que evoluciona, crece, acoge y se reúne.
Las fotos de familia transmiten algo más que recuerdos: contribuyen a grabar en la memoria los momentos clave de una historia viva. Los 50 años de matrimonio de los abuelos, el bautizo de esa sobrina nieta tan esperada, la alegría del reencuentro de toda la familia con motivo de la primera boda de la siguiente generación, un verano que reúne a grandes y pequeños en esa bonita casa familiar donde algunos dieron sus primeros pasos, o incluso esa enorme casa rural que permitió reunir a la familia venida de todos los rincones del mundo. La familia, esa comunidad de vida y amor, llamada a brillar… y no solo en el papel fotográfico.
