La máquina fantasma y las líneas que nunca llegaron
Hay historias que parecen sacadas de aquellos episodios dramáticos de “Casos de la Vida Real” con Silvia Pinal: promesas, lágrimas, una moraleja triste… y un final que todos veían venir.
En junio de 2022, el Gobierno Municipal encabezado por Cruz Pérez Cuéllar anunció con bombo y platillo una inversión de 77 millones de pesos en dos máquinas y pintura termoplástica “de alta calidad” para marcar los carriles de las principales avenidas. Se habló de modernidad, de estoperoles luminosos, de garantía de más de un año. Se prometió que en julio comenzarían los trabajos.
Julio llegó.
Y se fue.
Y luego otro julio.
Hoy, en avenidas como Paseo de la Victoria, casi Teófilo Borunda y muchas más, las líneas simplemente no existen. Calles completas sin pintura, cruceros invisibles de noche, carriles borrados por el tiempo y el abandono. La pregunta ya no es técnica. Es política.
¿Qué pasó con la máquina?
¿Dónde están los 77 millones?
¿Quién supervisó?
¿Quién rindió cuentas?
En esta administración, la historia parece repetirse: compras anunciadas con entusiasmo, cifras millonarias, conferencias semanales, promesas… y después, silencio. No es la primera vez que algo se adquiere a precio elevado y luego desaparece del radar público. Antes era sospecha. Hoy es patrón.
Lo más delicado no es la pintura. Es el símbolo. Una ciudad sin líneas es una ciudad sin dirección.
Porque si no pueden mantener visibles los carriles de sus avenidas principales, ¿qué nos hace pensar que pueden trazar el rumbo de Juárez?
No se trata de pedir voto de castigo. Se trata de pedir reflexión.
Si así está Juárez hoy, bajo este gobierno municipal, ¿qué podríamos esperar mañana?
¿Y qué pasaría si este modelo administrativo —de anuncios espectaculares y resultados invisibles— escala a nivel estatal?
La política no se mide por conferencias ni por licitaciones anunciadas. Se mide por lo que permanece.
Y en Juárez, lo único que permanece son las calles despintadas.
Tal vez esta no sea una historia para llorar como en televisión. Pero sí es una historia real. Y la estamos viviendo todos.
